Mecenazgo circular

ANA VALLÉS
directora de la Fundació Sorigué

En 1985, Julio Sorigué y Josefina Blasco crearon una fundación de carácter social. El primer proyecto fue la construcción de un centro ocupacional de asistencia a discapacitados intelectuales atendiendo a las necesidades concretas detectadas en el entorno cercano. Este fue el primer paso de una larga labor de retorno social, que durante años ha sido apenas conocida, pero que hoy está totalmente consolidada.

En la actualidad, ejemplos como la Fundación Sorigué se han hecho más habituales y han aparecido en nuestro país numerosas instituciones que contribuyen a elevar notablemente la calidad de los servicios en áreas asistenciales.

El aporte a la sociedad de estas entidades es incuestionable, generan un efecto positivo casi inmediato y establecen fácilmente todo tipo de complicidades y colaboraciones imprescindibles en el mantenimiento del estado del bienestar. Sin embargo, tal vez por razones históricas, en el sector cultural no ocurre lo mismo. La siembra en ese terreno es difícilmente constatable en el medio y largo plazo, aunque, paradójicamente, sea conocido que uno de los factores que desarrollan, integran y proyectan la sociedad es la cultura.
Ejemplos del pasado como los de la Ópera del Liceo en Barcelona o la colección Thyssen-Bornemisza en Madrid son exponentes muy claros del efecto positivo de iniciativas que, partiendo del ámbito privado, acaban convirtiéndose en referente de grandes colectivos y ciudades.

Sin pretender establecer paralelismos con iniciativas tan relevantes, sí hay un hecho similar en todas ellas, y es el impacto en la sociedad de su mecenazgo cultural.

En la historia de la Fundació Sorigué hay un hito definitivo que se produce en el año 2000, cuando el matrimonio Sorigué hace manifiesta su apuesta por la cultura y materializa su voluntad de compartir con la sociedad su pasión por el arte. En ese momento, donan su colección privada del siglo xix español a la fundación, creando así los cimientos de la actual colección.

Tras esta donación, el mandato fue el de ampliar la colección con piezas de arte contemporáneo, con el rigor y la profesionalidad propios del grupo empresarial que la sostiene. Se trataba, pues, no solamente de crear una colección que por su propia calidad buscara alcanzar la excelencia, sino que tuviese también un enfoque específico destinado, por un lado, a atraer a los más jóvenes, es decir, que tuviera un carácter educativo, y que, por otro, fuese accesible a toda persona sin una preparación específica, es decir, que tuviera un carácter universal.

Con el tiempo, hemos construido una colección de arte contemporáneo de primer nivel que, contando con la participación de reputados especialistas, ha conseguido ser aplaudida por expertos y, a su vez, ha mantenido un carácter fundamentalmente pedagógico y de servicio tanto para el público en general como, en particular, para los trabajadores del grupo empresarial.

Con el crecimiento de la colección, el desarrollo del grupo empresarial y los cambios en la coyuntura social y económica, nuestra visión sobre el mecenazgo ha ido evolucionando durante los últimos años hasta gestar un innovador proyecto: PLANTA.

En PLANTA el mecenazgo es circular. El propósito de la colección es atraer artistas que, bien por afinidad con el entorno, bien por el empleo de materiales específicos o por el empleo de los procesos, encuentren en la compañía el terreno idóneo para desarrollar sus proyectos y participen personalmente en la instalación de sus obras, dotándolas de un carácter específico que difícilmente puede aportar una institución museística convencional. Es un lugar donde reunimos la creación artística y la producción empresarial, donde conviven cultura, arquitectura, conocimiento, tecnología y empresa.

A través de este proyecto, el artista se convierte en mecenas del grupo empresarial, transmitiendo el pensamiento creativo a los procesos productivos.

En esta reciente etapa, con PLANTA ponemos en valor nuestro origen con una nueva visión de futuro. Tras sesenta años de trayectoria empresarial y treinta como fundación, evolucionamos hacia un proyecto que da continuidad a nuestra organización y nos permite perpetuar nuestra labor de mecenazgo y de retorno social, contribuyendo al desarrollo del territorio, de la sociedad y a la generación de valor a través del elemento más intangible pero más precioso: la creatividad, el talento, el conocimiento.

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