Perder el control

Luis Goytisolo
El atasco y demás fábulas
Anagrama, 180 p.


LORENZO PLANA

Reflexiones ácidas y voraces que son el reverso ideal para la mítica ‘Antagonía’

Estas fábulas adulteradas (las diferentes entregas aparecidas a lo largo de los años se encuentran reunidas en este volumen) atestiguan una exacta percepción de la deriva de una era que ha ido cristalizándose desgraciadamente en la rudeza. Son el autorretrato de un solitario que acaso ha vivido demasiado, y siempre en la médula. Su sabiduría se le ha pegado engorrosamente a su propia conciencia. Ya no es libre de tanto ser libre. Inventa un género nuevo, un entramado de hilos sugerentes –haz de híbridos narrativos en que el relato, el aforismo y la reflexión criticomoral pierden sus límites– basado en el enfurruñamiento, en lo que da de sí el enfurruñamiento como forma literaria transversal: todo es directo, brusco, indagador, inquisitivo. Así, a caballo entre la anécdota anodina y el hallazgo genial, Luis Goytisolo manifiesta un rotundo asco hacia nuestra sociedad de consumo. Va directo al grano: utiliza la misma crudeza en su exposición libresca que la propia crudeza de la que hace gala el día a día de cualquier individuo lúcido de nuestros tiempos: le resultará difícil no perder el control. Y es que estamos controlados por un ir y venir de convenciones que son un insulto para aquel que pretenda digerir espiritualmente este truculento mundo. Goytisolo, a lo tonto a lo tonto, baja a los infiernos de lo cotidiano. Ya no importan astrónomos o astrólogos, pues todo el ámbito humano ha quedado viciado. Los chistes de Goytisolo son forzados a posta. Él sabe que su risa es la expresión del prisionero. Validar una moral hace estallar al hombre. Necesitamos un cambio de paradigma. Estamos solos. Pero toda racionalidad al límite también está empañada de estilo. Se va formando una perla oscura a lo largo de estos retazos de vivencias y reflexiones agrias. Nuestro abogado del diablo sabe que compartimos su análisis de un sentir social: nos avergonzamos. Toda doble moral es insidiosa y abisal. O cotidiana… Pero la lucidez de Luis Goytisolo nos lleva de la mano de cierta ternura. Parece que nos están dando una reprimenda a la inversa: elogiando entre risitas nuestros pecados. ¿Cómo no iba a ser así? De tan oscuro panorama, algo ha de salir bien. Tal vez, no perder en exceso el control. Este ácido retrato del individuo reflexivo de nuestros tiempos nos deja sin resuello. Había que atajar el mal. Este libro se asemeja a una amputación. ¿Es estúpido dirigir la mirada hacia el enigma? Para ser neutros y felices, ya se encarga el fantasma de la rectitud cívica. Pero, aunque parezca una pantomima, se trata de salvarnos de nuestra propia naturaleza nauseabunda. Goytisolo da en el clavo. Y ahí se queda. Libre. Queda un sabor a revolución cuando todas las revoluciones parecían cosa de nadería o guerra al límite. Qué valentía, la de este autor, que nombra nuestra miseria con las mismas palabras innombrables. Y su capacidad de mandar su artefacto contra nosotros es inmisericorde. Algo habremos hecho. No podemos perder el control. Este libro que ha ido surgiendo a la sombra de su portentosa obra magna Antagonía no solo es un tubo de escape. Se trata de una antiliteratura. Hay que saber mucho para hacer de lo aparentemente trivial, juguetón y malhablado otra cosa muy diferente: una suerte de manual al que todos estamos invitados porque todos somos igual de miserables. O amigos de verdad.

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