Canalizar el infinito

LORENZO PLANA

Jenaro Talens
La música de Rousseau
Libros de la Resistencia, 58 p.

Una vieja disputa teórico-musical que obviamente desemboca en la serenidad

En este claro ensayo del poeta Jenaro Talens, experimentado en la terquedad reflexiva, nos percatarnos racionalmente del pulso entre lo establecido y lo nuevo. Este opúsculo se centra en la Querelle des bouffons, en el enfrentamiento ideológico que se dio en Francia en el siglo XVIII entre los defensores de la música francesa (la cual abjuraba en un principio de fatuos sentimentalismos) y los de la italiana (que venía a traer aire fresco y libertad). Postulándose en el ancoraje de la tradición, hasta el magnánimo compositor Rameau hubo de bajarse de su pedestal, salir a las trincheras de la argumentación. Cómo enriqueció a todo el affaire el hecho de que la esencia del problema se dirimiera entre músicos-teóricos. Es así que, en el otro extremo, el no tan pletórico compositor aunque sí poderoso pensador, el ginebrino Rousseau, hubo de traer luz y mostrar de qué modo la modernidad (con ese afán “natural” que entrañaba la música italiana, más fresca y más viva) guardaba un importante regalo. Había que tomar conciencia sobre el alcance de la mecánica cerebral en el mundo de la música. ¿Hasta qué punto es preciso delinear previamente una obra? ¿Cuál es el papel de la inspiración? ¿En qué momento lo mundano debe entrar en juego?

Si tomamos la suficiente distancia, y es lo que ha hecho con lucidez Jenaro Talens, nos percatamos de que esta disputa entre lo clásico y lo moderno, entre lo platónico y lo aristotélico, entre lo recto y lo licencioso, entre lo programado y lo que estalla, queda en una suerte de bipartidismo pertinente y necesario. Pero viendo cómo se solapan y entrecruzan las ocurrencias y los aciertos de ambos bandos en liza, nosotros, habitantes de un siglo XXI que se lleva la palma respecto al desconcierto, disponemos de una crucial idea: el ser humano cumple al destriparse mentalmente, pero ante el tema del infinito ha de tomar conciencia de que no todo vale. Canalicemos la naturalidad. Rousseau llega a la conclusión de que es preferible componer según la regla estudiada. La música italiana emocionó a aquellos parisinos ansiosos de contrastar su interioridad con la locura de pretender la Vida. Ojalá la raza humana logre libar, en la sabiduría de lo que se va perdiendo, un cambio hacia lo Real. A lo mejor al infinito se llega mediante algún tipo de revolución. Pero no sirven las prisas. Mejor escalón a escalón. Ni sobrecargar la tradición cotidiana ni lanzarse a una esfera vacua donde forma y moral han perdido el esqueleto “humano”. Alcanzar una naturaleza integral, una conciencia mutada en transparencia, es todavía un sueño. Valen nuestras raíces. No nos enfademos con nuestra identidad. Al fin y al cabo, la universalidad de Rameau y el naturalismo de la autenticidad individual de Rousseau son complementarios. “No era un problema de escritura sino de modos de escucha”. Escuchemos con nuestros oídos (universales) lo que le ha acontecido a un individuo (en soledad). ¡No olvidemos la soledad cuando se trata de arte! Riesgo y amistad calculan la maravilla inminente. No traicionemos tampoco a la magia. Tal vez crear es salir triunfante de todo autismo. Nos emociona tanto la sonrisa del solitario.

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