Elegía a una escritura indócil

MARISA TORRES BADIA

Sara Mesa
Mala letra
Anagrama, 191 p.

Una voz narrativa en aras de la indocilidad, la disidencia y la libertad

Mala letra, buena letra, culpa, redención… Estos son unos pocos campos de los muchos abonados por el universo literario de Sara Mesa: once cuentos en los que se aborda una prosa calificada por la crítica de “alto voltaje” y una temática que, sin lugar a dudas, recorre el camino entre el dolor y la epifanía, entre la culpa y la expiación. Su narrativa breve es una voz más del polifónico registro de esta sevillana de adopción nacida en Madrid en1976, galardonada con el Premio Herralde de novela en 2013 por Cuatro por cuatro y propensa al cultivo de otros géneros literarios —fue Premio Nacional de Poesía Miguel Hernández en 2007 por su poemario Este jilguero agenda. Entre sus novelas cabe destacar Cicatriz (Anagrama, 2015), elegida por buena parte de la crítica como una de las cuatro novelas más destacadas de 2015.

En Mala letra observará el lector cómo la autora, de manera tan precisa como minuciosa, teje un entramado en el que la libertad y la escritura indócil, en todos sus matices, aparece como nexo de unión entre los relatos, textos hermanados –en expresión de la propia narradora− por una selección temática o “atmosférica”. Ese aire no es otro que la rebeldía o la indocilidad de la que hacíamos mención, santo y seña constante de Mesa. La prohibición, las normas, la opresión y el desprecio hacia una sociedad anclada en esa represión —espacio que rememora la sociedad española de antaño (las tías, el maestro de escuela, unos padres autoritarios e invasivos…)— nos llevan a sentirnos imbricados emocionalmente con unos protagonistas, casi siempre femeninos, atormentados u oprimidos desde su más tierna infancia y que solo saldrán a flote gracias al rebelde estallido de esa misma “indocilidad”.

Una prosa armoniosa, alejada de la ostentación expresiva e intencionadamente “anti-literaria”, tal como expresa Mesa, hace el resto. La narradora nos conduce por unos caminos, a veces inexplorados, que nos acercan con el uso de una materia prima humilde o, si se quiere, a una especie de arte povera de la escritura tamizada por la selección de materiales, elipsis temporales y focos narrativos. Porque en los cuentos de Mala letra quizá la novedad más sustanciosa venga dada por el hecho de no hacer uso de la descripción fotográfica y por el desplazamiento del foco narrativo hacia las miradas laterales. De este modo, la realidad es abordada desde una visión abierta a nuevas perspectivas o muy a menudo estimulada por la ironía. La confección de historias voluntariamente confusas, y con ellas el trazo nada disimulado de finales abiertos que juegan al desconcierto, se convierten en rasgos sobradamente elocuentes y definitorios de la cuentística de Sara Mesa y de su novelística anterior. Con todo, la autora consigue una prosa “libre”, una mala caligrafía, una mala letra que conduce al éxito personal y a la ansiada libertad, pese a los malos augurios de personajes autoritarios que siembran el desequilibrio en seres hostigados por la indefensión. Así pues, y después de tanto obstáculo, la libertad sale a flote y vence, aunque a veces tan solo sea para manifestarse en un universo cerrado e íntimo.

No cabe duda que Faulkner o Beckett se vislumbran tras estos relatos. Se trata de referentes que la autora rememora siempre que surge la ocasión. Vale la pena acercarse al mundo que teje Sara Mesa y leer con atención esta suerte de relatos rompedores que emergen de zonas sombrías, de la inquietud o la zozobra que provoca ese lado sórdido que “nunca se acaba de decir” y, en su lado más extremo, de la perversidad que generan las relaciones de poder entre las personas.

 

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