El Yo como punto de partida

Anna Caballé

Profesora y editora

Es la responsable de la Unidad de Estudios Biográficos de la UB y editora de la revista Memoria


annacaballeEl número de septiembre de Le Magazine Littéraire dedicaba su portada a la literatura autobiográfica. Una viñeta central caricaturizando las múltiples formas con que el Yo del autor se escribe ahora mismo servía para insinuar un cierto hartazgo. Nada que ver la situación actual con la experimentada veinte años atrás, cuando la expresión de la subjetividad se convertía en una de las claves epistemológicas de nuestro tiempo, fomentando una escritura anclada en el propio escritor, concebido como búsqueda y personaje principal de su obra. A esa forma de proceder la llamamos autoficción y su crédito en el ámbito de las literaturas hispánicas ha sido extraordinario. Son contados los autores que se mantienen al margen de ese artificio que cuenta con cultivadores tan ilustres como Jorge Luis Borges. Y tiene sentido. La autoficción surgió como una alternativa narrativa al desgaste de la novela de imaginación, de formato decimonónico, anclándose en una impostación del propio Yo del autor como eje. La obra de Enrique Vila-Matas es un exponente pionero de esa tendencia que él ha sabido mantener en alto gracias a su excepcional dominio de la escritura. Él mismo, en el discurso pronunciado en la Feria del Libro de Guadalajara (2015), confesaba que sentía una confianza ingenua en que la novela se abriría paso en el siglo xxi hacia otras formas literarias –el ensayo narrativo o la narración ensayística y sobre todo autobiográfica–, es decir, a espacios donde la mezcla de géneros y la ruptura de los límites, siempre maleables, entre realidad y ficción podían resultar la apuesta literaria más exigente. Vila-Matas apostaba por una literatura filosófico-experimental, la suya, que convive en las librerías con una narrativa comercial cargada de intrigas, aventuras, sexo y violencia. En otras palabras, la explosiva narración de Tirant lo Blanc frente a la ironía del mundo contenida en el Quijote. Dos opciones y dos formas de contar. Pero todo cabe en nuestro mundo contemporáneo y todo pasa también, porque, como decía Machado, lo nuestro es pasar.

En los años noventa, algunos de nosotros nos preguntamos si el tiempo de la novela no estaba pasando ya, como pasó el tiempo de la tragedia clásica, del soneto o del drama romántico. Nada puede permanecer sin experimentar cambios profundos. En cuanto a la novela, da la impresión de debatirse en una lenta agonía, precipitándose en el sexo, la violencia o la crueldad para arrancarle todavía algunas llamas a un género que muestra claros síntomas de rutina y repetición. Muchas de las novelas de las que se habla, novelas que ganan premios importantes o que obtienen cifras de ventas que dan vértigo, rozan la mediocridad. Por supuesto que siguen publicándose buenas novelas, pero hay tantas en el mercado, la oferta es tan vasta, que las menos interesantes sepultan a las mejores, como si el género fuera víctima de su propio y espectacular éxito. También algunos escritores han expresado en los últimos años su fatiga hacia la novela como un género que había dejado de motivarles. “Basta de novelas”, escribía Jean d’Ormesson en Ces moments de bonheur (Robert Laffont, 2005), afirmando que el único proyecto que podía estimularle era escribir su autobiografía. En la misma dirección se pronunciaba Vicente Verdú en No ficción (Anagrama, 2008), un libro que desnuda la neurosis del escritor, incrementada a raíz de la muerte de su esposa, empujándole a un texto autorreferencial que oscila entre la confesión y el experimento narrativo. El propio Verdú había publicado un artículo poco antes que ocasionó cierto revuelo (“Reglas para la supervivencia de la novela”, El País, 17 de noviembre de 2007), donde reivindicaba la expresión autobiográfica como la forma que más podía ajustarse a los nuevos tiempos de una narrativa exhausta: “Si la literatura aspira a conocer algo más sobre el mundo y sus enfermos, su elección es la directa, precisa y temeraria escritura del Yo.” La subjetividad se funde, o se confunde, en Verdú y tantos más con una notoria incomodidad, como una incapacidad de ajuste y el individuo tuviera que hacerse pedazos para encajar en el medido lecho de Procusto. Es decir, la autobiografía considerada como la expresión que mejor puede ajustarse al malestar del sujeto contemporáneo. También Luis Landero, en un espléndido texto autobiográfico (El balcón en invierno, Tusquets, 2014), abría con un capítulo titulado “No más novelas”. En él, su autor reconocía verse incapaz de seguir adelante con su narración apenas comenzada: “¿Qué hago yo aquí?, ¿tantas fatigas para qué?, ¿dónde está en verdad la vida?”, se pregunta angustiado, aparcando su proyecto novelesco y dejándose llevar por los recuerdos de su pobretona e intensa infancia en Alburquerque que consigue levantar de nuevo con su imaginación creadora. Y qué decir del mayor autobiógrafo vivo, el escritor noruego que ha renovado el gé- nero desde dentro, el autor de Mi lucha: “Hoy es 27 de febrero de 2008. Son las 23,43. Yo, el que escribe esto, Karl Ove Knausgård, nací en diciembre de 1968, y por tanto tengo en este momento treinta y nueve años […]. Cuando mi padre tenía la edad que yo tengo ahora, rompió con su antigua vida y empezó una nueva.” Son palabras que pueden leerse en el primer volumen de su hexalogía (La muerte del padre, Anagrama, 2012) y solo espero que pase el tiempo suficiente para poder releer ese maravilloso libro que ha sido capaz de provocar un incendio en el interior de tantos de sus lectores. En el primer volumen de Mi lucha, Knausgård plantea su fracaso al querer escribir su tercera novela (después de una primera entrega brillante); quiere escribir una obra maestra, pero no se identifica con lo que escribe, le parece estar haciendo ficción sobre la ficción que siente que es él mismo. Está bloqueado literariamente (Landero, Ormesson, Verdú, confesarán lo mismo). El escritor noruego ve el arte contemporáneo como una cama sin hacer o una moto en un tejado; algo que carece de objetividad y consistencia porque no es nada por sí mismo: depende del público y del modo en que este reacciona, depende de lo que los periódicos escriben sobre él, depende de las ideas con las que los artistas explican que lo que hacen es arte. De modo que opta por una propuesta estética que, en su caso, no es más que una necesidad moral: objetivar su experiencia y hacerlo libremente, sin limitaciones, hasta donde pueda llegar con su experimento (el experimento ocupa cuatro mil páginas). Para ello recurre a la autobiografía, como un camino de retorno a la realidad y un acercamiento a la verdad de quién es, frente a la ficción que cree haber vivido. El único proyecto que mantiene una ambición similar, aunque no tiene su mordiente, es Visión desde el fondo del mar, de Rafael Argullol (Acantilado, 2010), tal vez el escritor/filósofo que mejor expresa la danza de yoes, la cadena de muertes y resurrecciones en que consiste la vida humana. Argullol aspira en su libro a romper con esa idea, tan arraigada entre nosotros (pero eso sería tema de otra reflexión), de la autobiografía como un ejercicio narcisista. Frente al mito autodestructivo de Narciso, quien se contempla obsesivamente en el agua, pero es incapaz de penetrar en ella, de romper esa superficie en la que ve reflejada su imagen, Argullol plantea la autobiografía desde una actitud inversa: alguien que ve el mundo desde el fondo del mar y, por tanto, puede contemplar su superficie, sin reflejo, como un espacio abierto, repleto de iridiscencias, de matices, de luces que abren al sujeto en lugar de aprisionarlo en sí mismo. No sé hasta qué punto la idea de Argullol se corresponde con el concepto de paralaje utilizado por Slavoj Žižeck. El DRAE define paralaje como “la diferencia entre las posiciones aparentes que en la bóveda celeste tiene un astro, según el punto desde el que se supone observado”. Para Žižeck, el término pasa a definir la brecha del sujeto consigo mismo, la no coincidencia con la unidad del ser (el astro de la bóveda celeste) materializada en una tensión permanente y consustancial del individuo consigo mismo. Es decir que la noción del Yo ha pasado de la clásica idea de unidad a la idea de haz. El sujeto (entendido como el ser pensante que somos) convive con un haz de yoes en permanente relación con la exterioridad y siempre, sostiene Žižeck, mantendrá una tensión inherente consigo mismo, en función de sus propias coordenadas vitales. También el cuerpo registra esa tensión, las conmociones que nos habitan (sudor, llanto, lágrimas, temblores, agotamiento físico, postración, risa…) y que los textos autobiográficos contemporáneos incluyen asimismo en la escritura (Vicente Verdú, adicto al gelocatil en No ficción o Marta Sanz inventariando sus transformaciones corporales en Lección de anatomía).

Son, en fin, algunas catas del imperativo autobiográfico que expresa en los últimos años algo más que una moda pasajera. En los mejores casos, ese recurso al Yo ha sabido exponer el estado permanente de crisis del individuo arraigando la Historia en el hápax existencial de cada uno (hápax es un término filológico que define la palabra que en un corpus aparece registrada una sola vez; el filósofo francés Michel Onfray lo aplica a la vida humana, igualmente única e irrepetible). El Yo, la identidad, ha devenido pues un episteme, la principal preocupación ética y estética, un retorno a lo existencial que ha fecundado todas las formas artísticas. Pensemos en el último y extraordinario libro de Emmanuel Carrère, El reino (Anagrama, 2015); en los postulados de Onfray y su Manifiesto hedonista, o en La ventana discreta, de Antoni Puigverd, denunciando a través de una escritura diarística la inflación de presente en la que vivimos. Es decir, la autobiografía ha insuflado una nueva vitalidad al arte, mostrando en algunas obras sus cualidades más desgarradas. Pero, hay que decirlo, también ha servido de vehículo a una representación desproporcionada y complaciente de una subjetividad banal (que en algunos reality shows alcanza proporciones grotescas y embrutecedoras). Ha servido de plataforma a una literatura narcisista, cuyos autores parecen encantados de haberse conocido. Entonces la autoficción es el hábitat perfecto para ese egoísmo implícito del que habla Vicente Luis Mora en El sujeto boscoso (Iberoamericana, 2016). Lo hemos observado asimismo en muchos diarios, autobiografías y crónicas personales que se muestran sin apenas elaboración estética, o bien ofreciendo unas imágenes estilizadas del propio Yo que resultan pueriles. Y es que todo convive con el Todo, la calidad se ofrece ahora junto a la basura, pero los destellos sublimes que proporcionan algunas autobiografías permanecen intactos. Sin punto de partida ninguna ética es posible.

 

Construir una veritat

Pere Pena

poeta i professor


Potser no amb la tradició ni la quantitat que demanava Pla, però si alguna cosa distingeix la literatura catalana del segle xx –a diferència, probablement, de la castellana– és la nòmina significativa d’autors rellevants que han conreat allò que hem acabat genèricament anomenant literatures dels jo. Parlem d’autors com el mateix Pla, que forja precisament el seu personatge literari a partir de les seves obres de no-ficció, de Puig i Ferreter, de Gaziel, de Sagarra, de Villalonga, de Manent, tots de la mateixa generació, o d’autors més joves però igualment indispensables, com Joan Fuster. Per tant, s’ha de parar compte amb afirmacions que destaquen l’auge d’aquest tipus de literatura com “un dels fenòmens més interessants en el panorama de la literatura catalana recent”. En tot cas, el que potser sí que ha canviat és l’interès dels lectors per les obres autoreferencials. Continua llegint “Construir una veritat”

Escriure sobre la quietud

Màrius Serra

Escriptor

És també periodista, autor de mots encreuats, traductor i enigmista català. A Quiet narra l’experiència del seu fill Llullu, que va nàixer amb una greu encefalopatia


El nostre fill Lluís Serra Pablo, àlies Llullu, va néixer el 14 de març de l’any 2000 marcat per una malaltia que la ciència neurològica va anomenar encefalopatia no filiada; en llenguatge popular, paràlisi cerebral, i en llenguatge administratiu, una discapacitat amb grau de disminució del 85%. A casa, totes aquestes etiquetes van comptar poc. En Lluís era el nostre segon fill i tenia unes necessitats una mica peculiars, comparades amb les de sa germana, però això només significava que estàvem més pendents de la seva quietud. El nostre objectiu sempre va ser que ni sa germana ni nosaltres deixéssim de fer res del que hauríem fet si ell no hagués d’anar pel món al 15% de rendiment. No sempre va ser possible, esclar, però la gran majoria de les vegades només va voler dir fer-ho d’una altra manera. Per exemple, viatjar. La idea era relacionar de forma inversament proporcional els seus quilos de pes amb els quilòmetres de distància que faríem. Com més petit, més lluny. Fins a Hawaii, vam arribar. Continua llegint “Escriure sobre la quietud”

La llibertat i el temps

Enric Sòria

Escriptor

Sólo lo fugitivo permanece y dura.

Francisco de Quevedo


En un gran llibre d’aquest gènere, Radiacions, Ernst Jünger va escriure que la virtut d’un dietari és que penja petits llums dins la fosca del passat. Altrament, el passat es fa opac molt de pressa. I el perdem. Els instants s’esvaneixen; les paraules perduren. Quan estan ben triades, són com agafalls o passeres, fars minúsculs en l’oceà del temps. Però, així i tot, fan llum. Tenen poder evocador. Evocar, al principi, volia dir “cridar els morts propis a comparèixer”. Un dels principals propòsits de la literatura –l’art de les paraules poderoses– és, encara avui, preservar el que importa, recrear-ho. Per al qui l’escriu, la principal funció d’un dietari és aquesta: deixar rastres que permeten d’alguna manera retornar als països desertats de la vida viscuda. Continua llegint “La llibertat i el temps”

Agrupación Señor Serrano, una trilogia contemporània

ORIOL MARTÍ SAMBOLA

Agrupación Señor Serrano és una companyia catalana d’arts escèniques ubicada en l’àmbit de la nova dramatúrgia que enguany ha celebrat el desè aniversari. Per molts anys a Agrupación Señor Serrano. Per molts també a la nova dramatúrgia catalana. Continua llegint “Agrupación Señor Serrano, una trilogia contemporània”

Mai no és tard

JAUME PONT

Aquesta lectura sobre la vida i l’obra de Joan Vinyoli és també el testimoni d’una època i una generació, la dels anys setanta


Josep Piera

Mai no és tard (Vinyoliana)

PUV, 241 p.


Qui busqui un quadern de bitàcola, una agulla de navegar precisa i suggeridora sobre Joan Vinyoli, només cal que s’endinsi en el darrer llibre de Josep Piera. Mai no és tard (Vinyoliana) no és tan sols una visió aprofundida de l’ideari de vida i obra de l’inoblidable poeta d’El callat, Llibre d’amic, Ara que és tard o Passeig d’aniversari, sinó també la de tota una època i una generació d’escriptors, la dels anys setanta. El poeta valencià reconstrueix així, des de la seva particularíssima lectura crítica –lectura on conflueixen el poeta, el reconeixement del mestratge vinyolià i l’amic–, la realitat d’una triple memòria poètica: la de Vinyoli i el seu cercle (amb Espriu al capdavant), la del mateix Piera i, com a marc referencial omnipresent, la dels poetes del postfranquisme, tots agermanats per un diàleg constant en el qual sovintegen les petjades de l’intercanvi epistolar, documents crítics de tota mena i un mostrari significatiu d’anècdotes viscudes. El resultat, molt estimulant –i aquí rau un dels actius principals de Mai no és tard–, és un assaig que diu tant del seu objecte d’escriptura, és a dir, de Joan Vinyoli i la seva poètica, com del subjecte que el formula, Josep Piera. Continua llegint “Mai no és tard”

El poeta irreal que retrató Europa

LORENZO PLANA

Una brillantísima biografía sobre Rainer Maria Rilke, heterodoxa pero fiel, que despliega las múltiples facetas de un destino vagabundo y “esencial”


Albert Roig

Perro

Galaxia Gutenberg, 389 p.


Llamamos poeta “nítido” a Rilke dado que, de algún modo casi esotérico –con absoluta excelencia lo muestra este volumen amplio y exigente, hecho de retazos, fragmentos y empatía–, logró darle la vuelta al espíritu de la Europa cultural de su época. El Viejo Continente realmente ejercía de “viejo continente”, en el mejor sentido de la expresión, si bien la vida de Rainer Maria Rilke ejemplifica su transformación gradual en algo diferente: los cimientos de la “contradicción europea” entre los radicalismos y la democracia. Rilke ocupa el lugar clave como poeta, sobre todo para nosotros, la posteridad, que necesitaba un catalizador de regresos a tiempos pasados pero nuestros. Albert Roig ha hecho una sensible lectura en este viaje junto al genial creador, dándose cuenta de su relevancia. La luna es el corazón de todo proyecto duradero. Y si se escribe aquí luna es también porque Rilke, como la luna, jugaba con marionetas y recreaba las ciudades que visitó, habitó y sufrió; esto dio pie a que su esqueleto enclenque, su triste mirada, su porte debilucho, enamoraran a princesas, pianistas y pintoras. ¿Por qué? Tal vez porque este hombre era el poeta. Lo atestigua, por cierto, su talento pleno, desmesurado.

“Pero mi fuerza consiste también en que no me opongo a las fuerzas más secretas de mi interior.” Esta afirmación implica la grieta de nuestro vate. ¿Cedería a las fuerzas más secretas todavía de los demás, de quienes lo admiraban tan conmovidos? He aquí el percance de su libertad, el drama necesario al que aludimos. Llegó entonces a admirar sin paliativos a Mallarmé y a Paul Valéry, pues le enseñaron que la poesía es renuncia. Su última transformación, tras las cúspides de Los sonetos a Orfeo y Las elegías de Duino, es beatífica: ama las rosas epistolares, las cuales implican la circularidad y el centro de Narciso, quien es a la vez un testamento, un ritual, una semilla, la Muerte verdadera, el Renacimiento y, ante todo, que “tu imaginación y todo lo que pasa en tu vida” lleguen a un acuerdo. Finalmente, lo Abierto es hallarse ante la lejanía perfecta. Por eso había de morir joven, tanto insistió en la belleza de lo pleno y vivo. Solo le importaba la esencia. Rilke es el Narciso recluido. ¿Personaje estrafalario o grotesco? En su contención aguardaba su magia. Encandiló a más de cincuenta mujeres exquisitas. ¿Y si hubiera un secreto acuerdo entre sueño y realidad? Rainer Maria Rilke, como muestra la biografía de Albert Roig, es el ejemplo de que el poeta es un diamante. Sin ir más lejos, sus elegías se adhieren fieramente al alma del lector con la precisión y la abundancia con que él desarmó a una Europa que aniquiló a sus gentes. Demasiada verdad campa con libertad por aquí, aunque, deleitándose en la naturaleza, el poeta se asusta, hace que todo se disipe. Fue sin dudarlo el más irreal de todos. Europa le debe más poetas, menos crueldad pragmática. O, por lo menos, ese respiro de la verdadera creación, la que nos salva.

La memoria ignominiosa de un país

MARISA TORRES BADIA

Del culto a la paradójica fuerza de la memoria, la persistencia del deseo y las estrategias del olvido


Juan Marsé

Esa puta tan distinguida

Lumen, 235 p.


Qué decir del escritor barcelonés Juan Marsé que no se haya dicho… A sus ya cumplidos ochenta y tres años, un narrador “deslenguado y descreído” ofrece al lector un relato de investigación (de tintes autobiográficos) en el que nada escapa a su demoledor estilo. En fin, un Marsé en estado puro presto a resolver cuestiones como el olvido y la indefensión a través de su acerado ojo crítico, como si se tratara de un viaje por los caminos minados del cine español de la amplia “posguerra”. Durante la dictadura –nos dice Marsé en una “autoentrevista” ficticia inmersa en el relato–, aquel cine “nacionalcatólico de cartón piedra” generó una miseria moral y estética que se “regodeó en su propia falsedad y estupidez”. Y eso va a ser exactamente lo que la pluma del autor va a evocar en Esa puta tan distinguida. Continua llegint “La memoria ignominiosa de un país”

Una soca enduta pel corrent

JAUME BARRULL

Nascut a la Vila de Gràcia, Barcelona, el 1978. Viu a Lleida des de ben menut i s’involucra en tota mena d’activitats socials i culturals. Col·labora des de fa gairebé una dècada al suplement Lectura de SEGRE i ara forma part de la seva redacció. Publica les seves narracions, fotografies i reflexions a les xarxes amb el perfil @jbarrullc i al web altercat.net.


No vaig sentir res. Potser un cert alleujament, sí, però més per la constatació que les infermeres ho gestionaven com un traspàs normal i previsible que no pas per l’acte en si. No hauria sospitat mai que seria capaç de fer-ho, però tampoc em vaig avergonyir de tenir aquells pensaments per primera vegada. Una idea, d’entrada feble i tremolosa, que vaig esquerar sense remordiments. Sempre m’ha encuriosit la manera com, a vegades, els altres tracten certes ocurrències com si fossin papallones que cacen al vol, com si els espantés la seua paternitat. Continua llegint “Una soca enduta pel corrent”