García Lorca, al fondo de las dudas

LORENZO PLANA

Luis García Montero
Un lector llamado Federico García Lorca
Taurus, 252 pg.

Brillante estudio sobre Lorca como lector, mostrando diáfanamente su trayectoria.

A pesar del pesimismo que embarga a Luis García Montero al respecto del futuro del libro y del acto lector en general, el entusiasmo con que se ha enfrentado al proceso de enriquecimiento cultural de Federico García Lorca resulta encomiable, un viaje que se comparte con placer y que nos transmite hasta qué punto no se comprendió el inmenso caudal intelectual que albergó el genio de Fuente Vaqueros. El mito del poeta salvaje queda por completo rebatido. García Lorca nació en un entorno favorable a su vocación artística. Entre otras razones, por el aliento que recibió de sus progenitores, quienes apoyaron siempre la pasión de Federico por la música y la escritura. Su padre, un labrador rico, le pidió que cursara una carrera universitaria, y Lorca estudió derecho, sin prestar atención a otra cosa que a su destino como creador. La presencia de libros de Victor Hugo en el hogar familiar y la aparición estelar de Rubén Darío en Granada, son sólo dos muestras de la gran suerte que rodeó al poeta en sus años clave de primera formación. Luego dispuso de la ayuda de personas de relevancia en la ciudad, y poco a poco fue creándose la expectación. Después del libro Impresiones y paisajes Lorca se lanza con El maleficio de la mariposa a adentrarse en el mundo del teatro. La acogida resulta un fracaso. Pero su prestigio queda intacto. Habrá de cerrar un capítulo con la aparición del Libro de poemas. Todo este tramo de su obra primera se encuentra enmarcado en un romanticismo simbolista que busca nuevos horizontes. Las obras de Unamuno, Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado, e incluso el propio contacto directo con algunos de los grandes maestros, abrieron su mente. Pero Lorca siempre estuvo predispuesto a un aprendizaje devastador. Los mitos griegos y Shakespeare tal vez se encuentran a la cabeza en cuanto a sus influencias más profundas. El drama de sentir la libertad demasiado cerca y demasiado lejos, sus dudas sentimentales, el extravío espiritual, la energía que no encontraba su curso, la duda hamletiana, hicieron de García Lorca un auténtico volcán que llegó a aceptar cierto respeto a la razón cuando llegaron a España los aires de la deshumanización y el Ultraísmo. Pero nuestro poeta habitó siempre entre las dudas, y, al fondo de ellas, entre la música de siempre de su tierra, entre el cante jondo y el amor por la historia de Andalucía, pudo entrever cierta claridad al fin. La lectura mítica del pasado no está reñida con la benevolencia de la razón. Escribe a un amigo: “Figúrate un romance que en vez de lagunas tenga cielos”. La voz de Lorca siempre fue exquisita y luminosa. Quiso cerrar el círculo entre el hombre libre y la Naturaleza sin tener que pasar por la barbarie. Lorca fue mucho más que la locura de su dolor. Al fondo de sus dudas, ahora nosotros podemos hacernos más fuertes. La facilidad con que sintió este poeta su propia fatalidad, el hecho de que su talento casi no tenga parangón, los avatares de un niño de la Vega de Granada corriendo entre el paisaje y sintiéndose indestructible… Todo ello llega a conmovernos. Tal vez para comprender su esencia tan sólo vale lo telúrico.

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