Cuaderno para solitarios

Alicia Kopf
Germà de gel
L’altra editorial, 244 p.
(Premi Documenta)
Hermano de hielo
Alpha Decay, 253 p.

LORENZO PLANA
La ‘opera prima’ de Imma Ávalos nos descubre el entrañable y brillantísimo retrato de una juventud lúcida, difícil y global

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Es cierto que el planteamiento, la estructura y la metáfora central de esta novela tan ambiciosa resultan sumamente acertados. Nos referimos a que Alicia Kopf, nombre artístico de Imma Ávalos (Girona, 1982), logra dar a toda su obra una inusitada vida formal a través de la obsesión por el frío, por el hielo, por todo lo que representa salir ahí afuera a atrapar la crueldad del mundo. Nos habla de los intentos de conquistar el Polo Norte y el Polo Sur por parte de exploradores como Amundsen, Peary o Cook, de múltiples aspectos relacionados con la aventura; nos habla, en fin, del lado oculto de la épica y la aventura: de ese lado subliminal y oscuro, con la muerte tatuada por la congelación e insoportables quemaduras.
Este es un libro al límite: aquí se juega a todo o nada. De manera que pudiera parecer un poco engañoso el formato literario tan atractivo, a base de fotografías ilustrativas y de una fragmentación casi en suspenso que da vueltas y vueltas al omnipotente tema del hielo. No hay treta aquí, al contrario. Precisamente esta estética tan fascinante, con una edición primorosa, muestra aquello que le ha acontecido acaso a nuestra escritora: ella pertenece a una generación a la que tal vez se le prometió demasiado, pero se le robó lo esencial. Así, todos los alicientes llevaron a Alicia Kopf a ambicionar un futuro de artista. Estaba un poco en el aire. Incluso el reto de abarcar distintas disciplinas era lo natural. Pero la realidad es otra: la realidad es darse golpes contra la pared en esta sociedad que tiene mucho de envoltorio. Las becas o las ventas de los cuadros no permiten vivir sin un trabajo lateral. El propio hecho de triunfar con la literatura, partiendo de un peculiar cuaderno de bitácora, parece en principio pura temeridad. Y, sin embargo, como el hermano autista que está en el origen novelesco de la idea del frío, la hermana logra seguir adelante en un mundo ajeno… La clave acaso está en que nuestra escritora adora también esa sociedad tan ambigua, justamente porque, poco a poco, va comprendiéndola, haciéndola suya.
Habría otras formas de aproximarse a esta especie de literatura fuera de la literatura que es Hermano de hielo, a este juego de cajas dentro de otras cajas, mientras nos percatamos de la efervescencia de la pasión: éxito personal, logros sentimentales, enriquecimiento interior. La conversación entre madre e hija, casi al final del libro, resulta en este sentido bastante ilustrativa: ambas se apoyan mutuamente en el absurdo que les ha tocado vivir. El referente es la lucha de los solitarios. A estas alturas, ¿quién no es un solitario?
Este libro tan carismático, con tantas aristas reflectantes, aparentemente le hace el juego a un planteamiento social cruel. Se trata de seducir. Y Alicia Kopf, desde la misma foto de la contraportada, lo consigue. Lo agradable es entrar en esta espiral de la que la autora es plenamente consciente: hay un público hambriento y engañado. Hagamos pues de la realidad una ficción desaforada. Lo fascinante es que esta obra da una soberbia vuelta de tuerca: casi se roza otra vez con el espíritu del naturalismo. Es una descripción en cierto modo pormenorizada. Eso sí, nuestro mentiroso siglo XXI tiene algo de magia: es tiempo de rapiña. Como expuso más o menos David Bowie en Scary Monsters, se trata de diseñar, sea como sea, algo nuevo con los mismos viejos vestidos. Alicia, en el país de los replicantes, demuestra muchísimo talento, una lección de rigor. La alternativa era quedarse atrapada. Nada de eso: lo suyo es una propuesta narrativa liberadora, original y estimulante.

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