Ella fue…

Alejandra Pizarnik
Poesía completa (1955-1972)
Edición a cargo de Ana Becciú
Lumen, p. 480.

___________

VANESA ESCOLANO BERNAL
“He dado el salto de mí al alba. He dejado mi cuerpo junto a la luz y he cantado la tristeza de lo que nace”

La sin par Alejandra Pizarnik (Buenos Aires 1936-1972), poeta, prosista, ensayista y traductora argentina, vuelve a resurgir en el panorama literario gracias a la reedición de su Poesía completa —la primera edición apareció en 2000— a cargo de Ana Becciú, volumen que solo difiere de su antecesor en algunos ajustes de portada y cubierta, ahora ilustrada con una fotografía de la autora tomada en 1966 por Daniela Haman.
Sin una recepción acertada, o cuando menos justa, Pizarnik emerge en el horizonte poético con un estilo ecléctico y con obras que traspasan las fronteras del género. Los ojos de la crítica han buscado comparaciones en las filas del surrealismo o del simbolismo, no sin motivos evidentes; sin embargo, Pizarnik es un poco de eso y de aquello, con mucho de su universo interior, único y, a veces, indescifrable. Un universo conectado con sus sorprendentes relatos (Prosa completa, 2000) y sus Diarios (2000), portadores ambos de un encendido lirismo, o incluso con obras híbridas a caballo entre el ensayo y la prosa poética (La condesa sangrienta, 1966). Su sintaxis, singular explosión de adjetivos y metáforas, o su particular manera de ver la realidad al detalle, logran que sus versos se transfiguren en pura y arrebatadora imagen. Poco escapa en su decir a la recurrencia de la Muerte, que protagoniza casi la totalidad de sus poemas; poco, también, escapa a sus alter ego, hijos de la oscuridad o de la noche, lastrados por miedos y obsesiones que atormentaron a la poeta durante toda su vida.
Con una profunda crisis de identidad —era hija de inmigrantes judíos— y varios complejos (tartamudez, hipotiroidismo o acné…), recurrió al psicoanálisis desde joven de la mano del Dr. León Ostrov, con quien mantuvo además una estrecha relación de amistad —le dedica el poemario La última inocencia (1956)— y correspondencia recogida en el volumen Cartas. Alejandra Pizarnik/León Ostrov. Una singladura de importancia comparable a su estancia en París, en la que mantuvo estrechos vínculos con autores de la talla de Cortázar, Paz o Duras. Fue allí donde bebió de los más grandes poetas franceses, como Baudelaire, Rimbaud o Artaud (a quien tradujo), los cuales dejaron profunda huella en su poética y poemas, rebosantes de complejas e intensas referencias interdisciplinares (Klee, Goya…). Con una vida llena de brechas y huecos, y víctima de la depresión, el plano personal y el poético parecen entremezclarse en la escritora argentina sin una barrera definida. Su poesía nos aboca así a un abismo de negatividad onírica que declara su “amor-odio” hacia la muerte y prefigura el desenlace anunciado, casi a gritos, desde el principio de su poesía. Esa obsesión por la muerte fue su condena y su motor poético al mismo tiempo; sin ella, ella no hubiera sido, pero con ella, ella fue y ya no es más. No fue más que lo que nunca quiso ser, nunca encontró la personificación de sus deseos. Es por eso que recurre constantemente a la alteridad, quizá el rasgo más característico de toda su obra poética. En Pizarnik, empezando por ella misma, todo se duplica, todo se desdobla en perpetua búsqueda. De ahí la importancia del espejo. La duplicidad del cuerpo es para ella casi una obsesión, una proyección donde ella se ve desde fuera. Como en el poema “Yo soy” (“cuando vea los ojos / que tengo en los míos tatuados), buscando quizá lo que deseaba ser o, cuando menos, conocer lo que era: “mi vida? / vacío bien pensado / mi cuerpo? / un tajo en la silla (…) mi rostro? / un cero disimulado / mis ojos? / ah! trozos de infinito”. Un 25 de septiembre no soporta más su existencia y se quita la vida en su casa ingiriendo una sobredosis de pastillas. Estaba de permiso del hospital psiquiátrico de Buenos Aires. Su último poema lo dejó escrito en la pizarra de su cuarto donde la hallaron sin vida. Sus versos finales fueron estos: “no quiero ir / nada más / que hasta el fondo”.

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *

Control * Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.