En paz con el mundo

Jorge Gimeno
Me despierto, me despierto, me despierto
Pre-textos, 96 p.

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LORENZO PLANA
Sobresaliente y purificador poemario de encuentro con la plenitud del viaje

Este nuevo y pletórico libro de poemas de Jorge Gimeno (Madrid, 1964), autor también de obras de culto como La tierra nos agobia o Espíritu a saltos, es la consagración definitiva de un poeta que siempre ha ido a buscar su maná en solitario, y ahora recoge todo el fruto de su soledad verdadera. Todo apuntaba a un definitivo despertar, algo se escondía en estos libros precedentes que presagiaban una especie de resurrección. Me despierto, me despierto, me despierto es una indicación al hombre de hoy de lo conveniente que es pasar página vitalmente a la negatividad, y encontrar un dial de transparencia y amistad con el cosmos. Obra sobre viajes, y obra sobre un viaje interior, esta búsqueda del ideal de una mujer cómplice trenzada con el hablar de una conciencia, nos lleva por un Oriente que, otra vez, sitúa en tela de juicio el alma corrosiva de Occidente. Aquí el lenguaje resulta siempre sorpresivo, casi golpeado por estupefacientes exactos y luminosos. Jorge Gimeno es el pionero en esta tierra de hallazgos y duende.
De algún modo, el autor plantea el fin de la Historia, el abismo de la metafísica. Si lo observamos filosóficamente, Kant se resignaba a su infinito replanteamiento, mientras Wittgenstein puntualizaba que lo que no tiene solución no es un problema: su única solución es la di-solución. Ésta es la clave de este libro, saber diluirse sin traicionar a nada ni a nadie. Aunque bien es cierto que a su vez crea un poderoso andamio; hay mucho mundo real en el libro de Gimeno. Y como afirmaba Giorgio Agamben refiriéndose a la Stimmung, lo que está en cuestión es la posibilidad, para el hombre hablante, de hacer la experiencia del nacer mismo de la palabra. Acordemente, Jorge Gimeno se anticipa al lenguaje, “arroja y destina al hombre fuera de sí en una historia y en una tradición”. De ahí surge este libro tan esférico y con tantas resonancias enriquecedoras. Gimeno, como quería Agamben, se aferra al origen, encuentra la palabra verdadera y completamente suya, para brindársela a la actualidad. Pues la humanidad de este logro nos remite una y otra vez al corazón del siglo XXI. El lector se percata así de que este gran castillo de sensualidades es una gran paradoja simpática, narrable e inenarrable a la vez, en la que una voz hallada a través de una desmesurada vocación establece un laberíntico juego de generosidad. Lo que ocurre es que el laberinto nos acoge, y siendo afablemente tortuoso, nos conquista. El poeta ha tocado tantos palos en este poemario lleno de una sabiduría “demostrada”, y lo ha hecho de forma tan natural, enfrentándose al dolor y al placer con la misma lucidez cargada de amor, que probablemente nos hallamos ante un acontecimiento de cara no solo hacia el presente sino hacia un delicioso futuro. Este recinto fractal es un Aleph engrandecido, con el suficiente espacio como para digerir una sed de incógnitas y misterios. Finalmente, se trata de un gran magma creativo realizado por un orfebre muy capaz. En ningún momento resulta rimbombante este estudio vital de nuestro orbe. Haciendo caso a San Juan de la Cruz, Jorge Gimeno ha escogido siempre caminos que parecían poco indicados. Se trata pues de una epifanía, de una catarata dentro de nosotros.

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