Hollywood es nuestro

JUAN FERRER
Crític de cinema

La creación judía de la industria cinematográfica

«¡Yo no tengo úlceras, las provoco!»
Harry Cohn, fundador de Columbia Pictures

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Existe un libro riguroso y mítico para entender el cine como industria, como un extraordinario negocio que ha movido –y sigue moviendo– miles de millones de dólares. Su título, Un imperio propio (Cómo los judíos inventaron Hollywood), escrito por un gran estudioso y crítico americano Neal Gabler. En sus casi setecientas páginas, nos habla de los creadores de los grandes estudios, de personajes que parecen sacados de una película, esos hombres de pasado humilde que llegaron a América con maletas de cartón y pantalones zurcidos a mediados del siglo xix unos y a principios del xx otros. Eran hijos de sastres, modestos tenderos, campesinos, estibadores de puerto, obreros de fábrica de una vieja Europa que tenía hambre, en permanente crisis y que en los umbrales de una nueva centuria se descarnaba en una gran guerra. Llegaron de Alemania, de Ucrania, de Polonia, de Hungría, y sus apellidos los delataban al instante: eran todos ellos judíos, una enorme comunidad que se fue aposentando en la tierra prometida y fue ocupando la periferia de las grandes ciudades o los viejos edificios donde se apiñaban las familias en barrios como Williamsburg, en Brooklyn, Nueva York, o conforme iban prosperando, en la zona de Lakeview East, Chicago; en el West End que poblaron judíos rusos en Boston, o en el South Robertson de Los Ángeles. Muchos de los hijos de estos emigrantes no fueron a la universidad, sino que aprendieron a salir adelante en los callejones y se convirtieron en avispados ciudadanos de segunda firmemente decididos a ser de primera –más aún, productos del sueño americano. Y vieron un negocio floreciente: el cine. Varios de estos aspirantes a vivaces empresarios comenzaron ofreciendo vodeviles, espectáculos populares donde lograron sus primeros ingresos. Muchos provenían de una tradición de comerciantes, y sus enseñanzas de barrio los convertían en verdaderos depredadores, porque tenían ambición y la seguridad de que no volverían atrás, pues era algo que ya habían vivido y padecido. Continua llegint “Hollywood es nuestro”

“El misterio de la caja ensangrentada” o la història impossible

ANTONIETA JARNE

El 18 d’abril de 1950 el corresponsal de La Vanguardia a París, Antonio Martínez Tomás, publicava una petita crònica amb el títol “El misterio de la caja ensangrentada” on s’informava que als afores de Tolosa de Llenguadoc, al costat del llac Gironis, s’havia descobert dins una caixa el cadàver d’una dona esgarrifosament esquarterada. El cos corresponia a Reden Broto i s’hi deixava entreveure un drama passional propi de les novel·les de sang i fetge: “Tras el cadáver de toda mujer muerta violentamente se presiente el ciclón de los celos o el furor indicativo del amor traicionado.”

El periodista n’ignorava les causes. Tanmateix, interpretava una realitat a partir de prejudicis establerts. Amb notes com aquesta s’elaboren imatges sobre persones sense veu ni història i, alhora, fins a quin punt s’infereixen realitats tergiversades i equivocades? En aquest cas, el desconeixement dels motius del crim invisibilitzava una qüestió que no tenia res a veure amb el que es donava a entendre.

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